Resumen
El presente artículo aborda una temática que podría parecer
marginal en el contexto de la historia medieval, esta es la expulsión
de los conjurados cordobeses tras la Revuelta del Arrabal de Córdoba
(818) y la toma de la Isla de Creta en el 827 por los mismos. No obstante, adquiere
importancia al momento de verificar las implicancias que tendrá en las
futuras relaciones que se establezcan en el mediterráneo oriental, cuando
este se transforme en un "Lago Musulmán" -así
denominado por Henri Pirenne- que impedirá el libre tránsito de
las embarcaciones bizantinas, obligando al Imperio utilizar todo su manejo diplomático
para poder superar ésta situación.
Abstract
The present article deals with a topic might appear of marginal importance in
the context of medieval history, thas is, the expulsion of the Cordoban conspirators
after the Revolt of Arrabal de Cordoba (818) and their conquest of the Island
of Crete in 827, Nevertheless, it becomes important when one realizes the implications
in the Eastern Mediterranean, when this area was transformed into a “Moslem
Lake” –as it has been called by Henri Pirenne. Which would prevente the free
transit of Byzantine shipping, forcing the Empire to employ all of its diplomatic
abilities to deal whit the situation.
El trabajo que aquí se presenta, indaga y profundiza
en una problemática que, a simple vista, podría parecer aislada,
no obstante, la investigación histórica siempre nos abre amplios
caminos para darnos cuenta que, en general, los hechos tienen una real concatenación
en el contexto en el que desenvuelven. Sería un trabajo estéril,
hacer un esfuerzo sólo con la finalidad de recopilar datos apilándolos,
sin apreciar el verdadero valor que reviste la llamada visión de conjunto.
Sobre esta temática hemos dialogado latamente con el estimado profesor
Sr. Gilberto Harris Bucher, quienrepite incesantemente - y concuerdo con él
- que lo importante no es que nuestros alumnos conozcan los datos por conocerlos,
sino que, más bien, visualicen las problemáticas históricas
en su conjunto y no aisladamente.
Si utilizáramos la clásica nomenclatura de Fernand Braudel (1968:
2), diríamos que nos encontramos ante una coyuntura histórica,
la cual tendrá profundas implicancias en la larga duración histórica;
cirscunscribiéndonos al período medieval.
Entre las dificultades con que nos encontramos al enfrentar un trabajo de esta naturaleza están, por un lado, la escasez de documentos, y por otro, lo críptico que resulta el tema puesto que involucra el estudio de otra civilización, lo cual exige entrar a comprender otras formas de vida y "mentalidad".
Antecedentes
El Emirato Independiente. Las revueltas, la pugna por el poder y la lucha por la consolidaciónpolítica.
Constituido en una provincia independiente del Califato de Oriente -al cual en el principio respetará sólo en el plano religioso, para luego abandonar toda relación conforme pase el tiempo - el Emirato de Córdoba se constituirá en un poder alterno y diferente, estableciendo las bases para una consolidación administrativa y económica, de la cual gozará durante el período del Califato de Córdoba (cf: DOZY, 1946: 268-550; RIU RIU, M et Al, T. II, 1979: 23-64; AGUADO, T. I, 1954: 404-423; ARIÉ, T. III, 1982: 19-23; CHEJNE, 1980: 23-38; MARTÍN, T. II, 1987: 204-220; LEVI-PROVENÇAL, T. IV, 1957: 61-258).
Este poder independiente será desde el emirato de al-Hakam (796-822), quien se encargará de llevar él mismo la oración ritual de los viernes. Es así que el débil vínculo existente con el Califato Abbassi - la llamada "ficción Califal"- será sólo nomimal más que de dogma (DOZY, 1946: 362).
Sin embargo, el establecimiento de una base sólida que sustentara la construcción del que posteriormente será el Califato de Córdoba no estuvo ausente de grandes problemas.
Estos se originaron en los comienzos de la etapa independiente,
con Abd-al-Rahman (756-788) quien, en los inicios de su administración,
tuvo que enfrentar una serie de desórdenes internos, producto de la desorganización
y las ansias de poder de las cuales fueron víctimas los emires dependientes
de Oriente. La problemática que aquí se cita cobra importancia
-sobre todo- desde el período de los sucesores de Abd al- Aziz Ibn Musa
(714-716) que comprende desde el 716 hasta 756, etapa que coincide con la crisis
socio-política que afecta a el gobierno central Umayya en Damasco. En
tales circunstancias, España estaba demasiado lejos del centro del Imperio
para que le fuera prestada mucha atención, y fue abandonada a merced
de los invasores que luchaban entre si por la supremacía del poder. Esta
situación provocó confusiones, partidismos y guerras sangrientas
(CHEJNE: 1980: 21).
Estando en el poder, Abd-al-Rahman I asumió una política de moderación
y magmanimidad, controlando las sediciones internas a las cuales se adherían
-en gran número- yemeníes y beréberes descontentos por
el trato que se les daba (CHEJNE: 1980: 25). Sin embargo,
aunque pudo controlar estos problemas -los que se transformaron en una constante
durante gran parte de la historia de al-Ándalus- se le presentaron otros
de igual magnitud, como fueron, por ejemplo, el avance de los reinos cristianos
del norte, y las rebeliones de Toledo (761) y de Beja (763), estas últimas
instigadas por enemigos del régimen Umayya (CHEJNE:
1980: 26; LEVI-PROVENÇAL, T. IV, 1957: 71-72).
Aunque este emir llevó a cabo una política de apaciguamiento -confiando el gobierno de las provincias a personas leales y capaces (CHEJNE, 1980: 26), las relaciones internas siguieron siendo tensas entre los grupos divergentes y reacios a apoyarlo, así como también los que se consideraban discriminados por motivos raciales, ante la preponderancia que asumía la raza árabe en la conducción del emirato.
Las luchas por el poder continuaron, incluso la elección
de Hisham I (788-796) -hijo de Abd-al-Rahman- estuvo llena de vicisitudes, debiendo
defender su título ante su propio hermano Sulaynam quien no se conformaba
con la decisión de su padre (Acerca de la lucha por el "anillo del
emirato", véase, CHEJNE, 1980: 26). Esta
pugna se mantuvo durante casi un año; además, volvieron a resurgir
los antiguos problemas que aquejaron a su padre, pero ahora renovados y con
más fuerza. La constante surgencia de problemas sociales fue lo que definió
su política de control rígido, reforzándola con la aplicación
severa de la ley islámica (CHEJNE, 1980: 26).
De hecho, es en este período cuando se reemplaza la doctrina de la Escuela
de Damasco -al-Awza't- por
La doctrina Malikí se difundió en España gracias al favoritismo que le otorgaron Hisham y su hijo al-Hakam. El primero permitió el ingreso de ésta, mientras que el segundo fue el que decidió que los cadies (jueces) y los demás magistrados, tanto en Córdoba como en el resto del país, habrían de dictar sus resoluciones basándose en la doctrina de esta nueva escuela jurídica.
La Escuela Malikí fue fundada por Malik ibn Anas, quien
murió en Medina (c.795-796). En sus enseñanzas establecía
la aplicación práctica del derecho religioso, tal como había
sido fijado en
Hisham nombró como sucesor a su hijo al-Hakam, quien gobernó desde el 796 al 822 y que al igual que su padre se vio enfrentado a una serie de problemas para hacer efectivo su nombramiento (Nos referimos a su lucha por ganar el derecho al trono, para lo cual debió combatir con varios otros pretendientes en varios lugares de al-Ándalus, incluidos sus dos tíos: 'Abd Allah y Sulaynam, que se hallaban exiliados en África. Véase CHEJNE, 1980: 27).
Los cercanos conflictos que sostuvo con su familia, hicieron
que se refugiara en los consejos de sus gobernadores, desconociendo así
los de su familia y de los cortesanos (CHEJNE, 1980: 27).
Su gobierno estuvo marcado por una gran austeridad y caracterizado, principalmente,
por su concepción de justicia y su capacidad de decisión (ARIÉ,
1982: 21). Durante su administración, se dedicó casi exclusivamente
a reprimir las revueltas organizadas por los beréberes, los muladíes
y los mismos árabes disconformes con su mandato (CHEJNE,
1980: 27;”[...] La ejecución de muchos de los principales habitantes
de la ciudad le hizo odioso a la población[...]”IBN Al-ATHIR., Kamil
fi-l-Tarij, en: MELO, 1998: 89.
Originalmente en: SANCHEZ-ALBORNOZ, T. I, 1960: 129-127).
En efecto, “consciente de la tendencia a las revueltas en las provincias, introdujo un eficaz sistema de espionaje, manteniendo en las puertas del palacio mil caballos y espías permanentes dispuestos a actuar contra cualquier intento de rebelión; y, en su ejército empleo unos 5000 esclavos que no hablaban árabe, a los que llamaba mudos” (CHEJNE, 1980: 27). Todo este aparataje tenía como finalidad sofocar las sediciones internas, procurando instaurar un orden que permitiera consolidar una estabilidad, y así, finalizar la seguidilla de revueltas iniciadas en los albores del emirato. Sin embargo, la fuerza con que resurgían los desórdenes no dejaba tiempo a la tranquilidad. Es efectivamente en este período cuando se produce la revuelta del Arrabal (rabad) de Córdoba -una de las más recordadas en la historia de al-Ándalus-. Esta tendrá hondas repercusiones en sucesos posteriores, sobre todo en el inicio de las relaciones diplomáticas entre al-Ándalus y el Imperio Bizantino.
La revuelta del Arrabal (Rabad) de Córdoba (818)
La fisonomía urbana de Córdoba había cambiado notablemente desde el gobierno de Abd-al-Rahman I. La que una vez fue un centro importante durante la dominación visigoda, incrementaba ahora su población con la llegada de árabes venidos de Oriente, de Ifrikiya y de los beréberes venidos del Magreb (LEVI-PROVENÇAL, T. V, 1957: 106). Producto de ésto la ciudad experimentó transformaciones en su trazado urbano, además de ampliaciones en los principales edificios. Así, en el 785 se comenzó la reconstrucción de la mezquita (LEVI-PROVENÇAL, T. V, 1957: 106), lo cual permitió dar cabida a una mayor cantidad de fieles. La mezquita en un comienzo tenía una capacidad estimada para alrededor de 10.642 fieles. Con las ampliaciones efectuadas por Abd al-Rahman II esta se aumento a 6.936 fieles más, lo que daba una capacidad total de 17.578 fieles. Esto es muy importante para visualizar cual había sido el incremento demográfico de Córdoba al cabo de unos pocos años, lo cual permite establecer que al-Ándalus comenzaba a adquirir importancia, transformándose -de a poco- en una metrólpolis. (Véase LEVI-PROVENÇAL, T. V, 1957: 345-393).
Por otra parte, desde que Hisham I restituyó el puente
romano sobre el Guadalquivir, no existeron obstáculos para que la ciudad
se extendiera a la otra orilla. Fue ahí donde se formó un arrabal
(rabad) muy poblado, que se extendía desde la ribera del río hasta
los alrededores de una aldea vecina, Shaqunda -la antigua Segunda- (LEVI-PROVENÇAL,
1957: 106).
Este arrabal se encontraba muy próximo a la mezquita mayor y al Palacio
de los Emires -ambos a la orilla del Guadalquivir y separados por una pequeña
calle llamada Mahachcha 'uzma- por lo tanto, muchos cordobeses que trabajaban
en la sede de gobierno encontraban cómodo instalarse en aquel lugar (LEVI-PROVENÇAL,
1957: 106; WATT, 1997: 41).
También habitaban el rabad una serie de grupos más pobres, los cuales convivían con la aristocracia árabe. Esta situación provocó que con el tiempo el arrabal se transformara en el centro de una oposición alimentada y avivada por la poca flexibilidad, el carácter impulsivo y la justicia con frecuencia un tanto sumaria del Soberano. También habitaban el rabad una serie de grupos más pobres, los cuales convivían con la aristocracia árabe. Esta situación provocó que con el tiempo el arrabal se transformara en el centro de una oposición alimentada y avivada por la poca flexibilidad, el carácter impulsivo y la justicia con frecuencia un tanto sumaria del Soberano. (LEVI-PROVENÇAL, 1957: 106; WATT, 1997: 41).
Existía, desde el comienzo del gobierno de al-Hakam I malestar en todos los grupos sociales con respecto a la actitud despótica, violenta y orgullosa que él mantení. […] comenzó a rodear Córdoba con un recinto fortificado, guarnecido de zanjas; acuarteló a la caballería en la puerta de su palacio, donde había siempre una tropa armada, y aumento el número de sus mamelucos. […] (IBN AL-ATHIR,(n.16): 89).
De ahí que un grupo de notables de Córdoba -entre los cuales había varios alfaquíes- tramaron una conjura para derrocar al emir y sustituirlo en el trono por Muhammad ibn al-Qasim, primo del soberano.
Este Umayya fingió aceptar y, en cambio, entregó una lista con todos los conjurados a al-Hakam, quien el mismo día los hizo aprehender para condenarlos a morir crucificados (CHEJNE, 1980: 27; LEVI-PROVENÇAL: 1957:107).
Al conocerse la sentencia , Córdoba reaccionó con gran temor, ya que era sabida la existencia de grupos reaccionarios clandestinos, los cuales desde ahora estarían bajo la atenta vigilancia de los espías de emir. Sin embargo, este escarmiento no terminó con las protestas al interior del arrabal y, de cuando en cuando, resurgían movimientos sediciosos que volvían a ser sofocados por al-Hakam. Uno de estos se declaró en el 818, cuando una serie de alfaquíes se mostraron insatisfechos por el poco crédito y limitación que se daba a su poder en la corte (CHEJNE, 1980: 27; LEVI-PROVENÇAL: 1957:108). Ibn Jaldún establece que:
“Al comienzo de su gobierno, al-Hakam se había dedicado a los placeres, por lo que se concentraron en contra suya las gentes cultas y pías de Córdoba, como Yahya ibn Yahya al-Layti, Talut al-Faquh y otros más. Esta gente le negó obediencia y se le apartaron, eligiendo como jefe a Muhammad ibn al-Qasim, que era uno de los tíos de Hisham”.
(En todo lo que se refiere a los relatos hechos por historiadores árabes, es posible encontrar errores o datos que se prestan a confusión. Esto es debido al carácter indirecto que poseen las fuentes y, además, a la deformación que sufre la información al ser los hechos transcritos tal y como aparecen, sin realizar una hermenéutica al documento.
En el caso del relato que presenta Ibn Jaldún, nos muestra cómo hechos análogos la revuelta del 806 y la del 818, debido a que los personajes que nombra son los mismos. Esta característica de la historiografía musulmana de al-Ándalus, llevó a errores a conspicuos arabistas como DOZY. Sin embargo, LEVIPROVENÇAL logró establecer que efectivamente existen dos conjuras diferentes y que ambas responden -eso sí- a un sentimiento de inconformidad con respecto a las prácticas y abusos de al-Hakam) (IBN JALDÚN, 1947: 142-143).
Sin embargo, los problemas no comenzaron en ese momento , sino cuando un guardia del emir acabó con la vida de un espadero niño (CHEJNE, 1980: 27; LEVI-PROVENÇAL: 1957: 118) […] "Añádase a todo ello que un mameluco del príncipe llevó su espada a casa de un bruñidor para hacerla limpiar, y como éste la remitiera a su dueño más tarde de lo convencido, el mameluco tomo la espada y golpeó con ella al obrero hasta dejarle muerto […]" (IBN Al-ATHIR, 1998: 89-90).
Esto sucedió en el instante en que al-Hakam I había salido a cazar. Cuando regresó encontró en Córdoba una gran muchedumbre pidiendo su destitución y dirigiéndose armada al Alcázar CHEJNE, 1980: 27); ante esta situación decidió ordenar a sus jinetes que prendieran fuego a los edificios de los arrabales. "Salió entonces (el amir) a combatirlos y los venció, destruyendo sus casas y sus mezquitas"(en: IBN JALDÚN, 1947: 142, y véase tb. CHEJNE, 1980: 28; LEVI-PROVENÇAL, 1957: 109; DE LAS CAGIGAS, 1947: 189. Cfr […] "Por orden suya, su sobrino paterno Ubayd Allah hizo una salida por una brecha abierta en la muralla y con sus tropas atacó inesperadamente de flanco a la gentes del Arrabal e incendió sus casas, y entonces, aquellas huyeron tras un violento combate […]". IBN Al-ATHIR, 1998: 90)
La estratagema tuvo éxito y la gente se retiró cuando vio sus hogares en llamas. La guardia de al-Hakam persiguió a los rebeldes y mató a más de 10.000 (CHEJNE, 1980: 27). Tres días duró aquella matanza, la que al-Hakam terminó por consejo de sus secretarios, pues sus verdaderos deseos eran acabar con todo el arrabal. A los pocos días dictó su sentencia:
“Trescientos notables entre los sobrevivientes del motín serían ejecutados y puestos en cruz; los demás habitantes del Arrabal conservarían su vida con la condición de salir inmediatamente de Córdoba, el Arrabal mismo sería arrasado, y su solar roturado y sembrado” (CHEJNE, 1980: 27).
Con respecto al número de principales asesinados, las fuentes y la bibliografía exagera las cifras ya sea, en el caso de las primeras, que tienden a aumentar las cifras para darle mayor importancia al hecho, y, en el caso de las segundas, ya que muchas veces repiten las informaciones sin un trabajo preocupado y centrado en las fuentes.
Ibn Al - Athir establece que: “[…] luego se detuvo a treinta de los más notables de entre ellos; se les ejecutó y se les crucifico cabeza abajo. Y durante tres días, los Arrabales de Córdoba sufrieron muertes, incendios, pillajes y destrucciones […]” (IBN Al-ATHIR: 1998: 90)
El éxodo comenzó casi de inmediato, un grupo fue a buscar sitio a Toledo y la mayoría decidió cruzar el mar, instalándose en las costas mediterráneas de África, preferentemente en Fez (Marruecos). "Dispersáronse (los sublevados), quienes se trasladaron a Fez en la costa (africana)". (IBN JALDÚN, 1947: 142; ver tb. DE LAS CAGIGAS, 1947:191; CHEJNE, 1980: 28; DOZY, 1946: 373; LEVI-PROVENÇAL, 1957: 109). Esta ciudad era ocupada en gran parte por beréberes, siendo la llegada de estos cordobeses un gran aliciente para su príncipe regente -Idris II- ya que de esta forma la ciudad se desberberizaría (LEVI-PROVENÇAL, 1957: 110-111).
La toma de Creta en el 827
Otro grupo de cordobeses tomó rumbo hacia Egipto, desembarcando cerca de Alejandría (IBN JALDÚN, 1947: 142, MELO, 1998: 89, Originalmente en: SANCHEZ-ALBORNOZ, 1960: 128-129; SANCHEZ-ALBORNOZ, 1980: 26-31; LEVI-PROVENÇAL, 1957: 111; CHEJNE, 1980: 28; DOZY, 1946: 373; DE LAS CAGIGAS, 1947:190). “[…] llegaron algunos de estos desterrados hasta Alejandría, que adoptaron para su morada, contribuyendo al crecimiento de su cultura. Llegaron a ser tantos en su nueva ciudad, que lograron hacerse dueños de ella y la erigieron independiente, hasta que se presento Abd Allah ben Tahir, según tenemos narrado en la historia de la dinastía abbasí, en los días del Califa Al- Manum ben al Paxid, y les hecho de la referida ciudad, mediante la entrega de una suma y la obligación de transportarles a la isla de Creta[…]" (AL-NUWARI, (n.34): 92).
Según las fuentes, éstos harían sido unos 15.000 refugiados. Este dato no ha sido ni cuestionado ni desmentido por la historiografía , tanto tradicional como moderna (cf.DOZY, 1946: 373; CHEJNE,1980: 28).
Aprovechando la compleja situación por la que atravesaba Egipto – debido a la lucha existente entre los diferentes gobernadores nombrados por los Califas Abbassies-, los andaluces decidieron entenderse con la tribu árabes mas poderosas (DOZY, 1946: 373), no obstante, una vez que se sintieron seguros y unidos , emprendieron el ataque conquistando Alejandría. "En esta (Alejandría) se instaló una cantidad de ellos (rebeldes) los cuales se insurreccionaron (contra la autoridad local). Avanzó a reducirlos 'Abd Allah ibn Tahir, gobernador de Egipto, quién tomo la ciudad y los hizo cruzar a la isla de Creta, como ya se ha dicho (sic). Los emigrados tenían por caudillo a Abu Hafs Umar al-Balluti, quien continuó gobernándolos y cuyos hijos sucediéronle en el mando hasta que los francos les quitaron (la Isla)". (IBN JALDÚN, 1947: 143; cf. Tb. LEVI-PROVENÇAL, 1957: 113 ; CHEJNE,1980: 28; DOZY, 1946: 374).
Esta situación se extendió hasta el 827, cuando fueron expulsados por ‘Abd Allah Ibn Tahir – General del Califa Al- Manum- quién les exigío que no desembarcaran en ningún otro puerto Abbassi. (DOZY, 1946: 373; CHEJNE,1980: 28).
Expulsados de Egipto, decidieron hacer una correría por Creta – posesión del Imperio Bizantino, en donde establecieron una dinastía liderada por ‘Abu Hafs ‘Umar al- Ballutí-, la que se vio favorecida por la inexistencia de un poder naval que pudiera hacer frente al arrebato de una posición estratégica que permitía el control y fluidez de las relaciones comerciales, y de los intereses geopolíticos que el Imperio tenía en el Mediterráneo Oriental. (MAIER, 1979:11).
La conquista árabe de islas tan importantes – desde el punto de vista estratégico- como Sicilia y Creta, coinciden con la decadencia de las fuerzas tanto navales como terrestres (MAIER, 1979:11) de Bizancio, el cual no pudo hacer frente a la “amenaza musulmana” que, incluso, había establecido asentamientos urbanos como la ciudad de Rabt –el- Chandax. La situación se torno compleja, ya que los emigrados se establecieron para no retirarse y se transformaron en un peligro para la navegación y el comercio; esto es comentado por el cronista Al-Nuwari quien establece que : “los emigrados cordobeses cultivaron la isla […] armaron cuarenta barcos e infestaron con sus correrías todas las islas de su circuito, próximas a Constantinopla. Penetraban en la mayor parte de las islas referidas, cogiendo en ellas botín y cautivos, sin que el emperador de Constantinopla tuviese algún poder para evitarlo” (AL-NUWARI, (n.34): 92).
Durante un siglo los andaluces tuvieron en su poder esta importante posesión bizantina, capturando barcos y efectuando correrías por las islas del Egeo. Los emperadores bizantinos intentaron infructuosamente, y por diversos medios, recuperar las Isla.
Uno de los elementos más recurrentes se refiere al intercambio diplomático entre el emperador y los líderes de Creta; así como también la búsqueda de aliados, ya fuera en las grandes potencias del mediterráneo como en aquellas que se estaban perfilando. En este sentido, se enmarca la embajada enviada por el Emperador Teófilo en el 838 al emir de al-Ándalus, Abd al Rhaman II, buscando un pacto de amistad que contribuyera a la expulsión de los intrusos, los cuales, precisamente, habían salido de las tierras andaluzas. (Esta problemática ha sido tratada latamente en MELO, 2000-2001:165-184).
No obstante, todos estos intentos resultaron inútiles
puesto que tuvo que pasar más de una centuria para que los cordobeses
fueran expulsados, debiendo iniciar otro periplo que los llevaría a las
más diversas latitudes de las tierras del Islam. Esto se logró
por medio de una estratagema ideada por el emperador Romano, quien esgrimiendo
ante el líder de los cretenses, Abd al-Aziz, la imposibilidad de mantener
caballos en sus tierras puesto que existía una gran carestía en
Constantinopla, le solicita ayuda y este se la brinda. Asi entonces, “fueron
enviadas a la isla 500 yeguas con sus pastores necesarios. Luego que estuvieron
las yeguas en la Isla, el emperador hizo que partieran con el mayor sigilo y
ocultamente las tropas, capitaneadas por Nicéforo el Domestico (Focas)
y por otro de sus capitanes más bravos, en el comienzo del mes de Muharram
del año 350 [ febrero de 961]. La flota griega arribo a la parte de la
isla en que estaban las yeguas; cada jinete con su silla y su rienda salto sobre
la yegua respectiva, y sorprendieron en completo descuido a los habitantes de
la Isla, que fue conquistada rápidamente. Los invasores mataron al señor
de
Bibliografía
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*Publicado originalmente en Notas Historicas y Geográficas, Nº 11, Facultad de Humanidades, departamento de Filosofía y Ciencias Sociales , Universidad de Playa Ancha, 2000, pp. 141-150.
Sean éstas páginas un humilde homenaje a aquellas personas de las cuales soy deudor en la formación en el oficio: a Don Héctor Herrera Cajas (Q.E.P.D)-querido y recordado maestro- y al profesor y amigo, Don José Marín Riveros, quienes me enseñaron a descubrir aquellas pequeñas grandes cosas maravillosas que la historia posee.
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